Hay personas que viven atrapadas entre dos cárceles invisibles, la del ayer y la del mañana.
El ayer les roba fuerza, con culpa, dolor, errores, traiciones y recuerdos que ya no pueden cambiarse.
El mañana lo que hace es robar paz con ansiedad, miedo, escenarios imaginarios y, de hecho, preguntas que todavía ni siquiera tienen respuestas.
Y mientras tanto, el único lugar donde realmente pueden vivir, decidir, amar, crear, corregir, avanzar, incluso acercarse a Dios es el presente.
Por eso hoy quiero hablarte del mejor regalo que tú nunca has abierto, el presente.
Porque en inglés regalo se dice present. Y no es casualidad que la vida misma nos recuerde que el mayor regalo que Dios nos da no es ayer, no es mañana, sino este momento.
Mi gente, yo tengo oportunidad de hablar a diario con muchas personas por el trabajo que hago y en muchas ocasiones se nota bastante marcado el hecho de que la gente siempre, siempre está inquieta por algo que no existe, por algo que está en el futuro.
Muchas personas me comparten sus temores: les preocupa su situación legal en Estados Unidos, temen ser arrestados o deportados, y viven con ese miedo constante cada vez que salen a la calle. Sin embargo, ese estado de alerta permanente se debe a algo que aún no ha sucedido. Esa inquietud que los mantiene paralizados no nace de su presente, sino de un escenario que todavía no está en sus manos ni ante sus ojos.
Y vivimos de esa manera y no nos damos cuenta que el estrés, el dolor de cabeza, las inquietudes que podamos tener vienen precisamente de ese agobio constante de estar mirando cosas que ya no están frente a tus ojos.
Entonces, por eso he querido hacer este mensaje el día de hoy, porque entiendo que si logramos, aunque sea en un 10% manejar el arte de poder enfocarnos más en lo que sí vemos al instante, en lo que tenemos disponible en este momento, muchas de las preocupaciones, la falta de paz y esa incertidumbre que muchas veces reina en nosotros ha de desaparecer.
Y es allí donde el presente es el terreno sagrado donde ocurre la vida real. Tú no puedes obedecer al ayer, tú no puedes cambiar el ayer, no puedes actuar mañana. No puedes abrazar a tus hijos mañana ni a tu esposa darle un beso mañana. Tú no puedes pedir perdón mañana. Tú no puedes comenzar tu misión, tu propósito mañana. Todo lo que transforma una vida ocurre aquí en este momento.
Ahora el presente es donde el alma despierta, donde la mente se ordena, donde el espíritu escucha y donde la oportunidad decide y además también el cuerpo se mueve.
El problema es que mucha gente recibe este regalo todos los días de su vida, pero nunca lo abre. ¿Por qué? Porque vive distraída. fragmentada, corriendo detrás de pensamientos que la sacan del único lugar donde realmente puede resolver algo, señores. Y ahí voy.
Ustedes siempre me escuchan hablar del movimiento. La razón por la cual la gente no emplea más el movimiento para perseguir aquellas cosas que le van a convenir, que le pueden funcionar en la vida, es por estar inquietado por algo que simplemente no existe.
A ver, lo que te pasó ayer existe ahora. La respuesta es tuya. Dale. Lo que pasará mañana existe ahora. Vamos, contesta esto. Entonces, ¿por qué te inquietas por ambos mundos, porque eso es lo terrible de mirar hacia delante con lo que tienes ahora? Haz la prueba y verás. Cuando tú estás hablando con una persona y te desconectas tanto de lo que pasó ayer como lo que entiendes tú de manera imaginaria que pudiera pasar mañana y te enfocas en esa persona, descubrirás gozo, iluminación, paz, alegría y compartirás una energía única con la persona, por ejemplo, que estés hablando.
Entonces ahí es donde empiezas tú a darte cuenta que puedes entrar en ese nivel de ser una persona consciente de lo que está ocurriendo en el momento. Empiezas a escuchar de manera activa a esa persona. Y no solo eso, sino que de esa persona y de lo que tú le puedas incluso decir a ella, vas a aprender muchísimo.
Pero eso solo ocurre cuando empiezas a quitar el papel de ese regalo que es el presente para ti, y no lo haces, entonces vas a quedar anclado todavía en ese pasado y vas a despegar la estructura emocional de tu ser en algo que no puede satisfacer, que simplemente no está aquí y ahora.
El futuro puede darte una idea, sin embargo, esa idea es una idea vaga que puede cambiar precisamente por tu enfoque, tu concentración en el presente. Muchas personas dejan de resolver grandes problemas de su vida porque simplemente están agarrados de lo que pasó y con su mente única y exclusivamente puesta en el futuro.
Entonces, yo he estado ahí, pero he cambiado, gracias a Dios, porque he tenido información, he experimentado cosas en la vida que me han ayudado a entender lo interesante, lo bueno y lo poderoso que es concentrarte en el ahora, en ese momento en el que estás viviendo, que es lo único que tú puedes realmente controlar de alguna manera.
Cuando una persona aprende a habitar el presente, comienza a soltar ese peso innecesario del pasado, no necesariamente porque niegue lo que vivió o porque minimice sus heridas o porque de alguna manera se vuelva indiferente, sino más bien porque entiende que seguir cargando lo que ya ocurrió no cambia el hecho, pero si daña el hoy.
El pasado puede enseñarte, pero no debe gobernarte. Te dará sabiduría, pero no va a secuestrar tu identidad. No puedes permitir eso. Tú no fuiste creado para vivir mirando por el retrovisor del alma. Tú fuiste creado para aprender, redimir, corregir y para avanzar.
Abrir el presente es dejar de consultar el dolor como si todavía fuera tu amo y comenzar a usar la lección como combustible para tu movimiento.
Ustedes saben, y yo he estado ahí también ¿cuántos de nosotros no nos movemos porque tuvimos una experiencia en el pasado y vivimos pensando en esa experiencia? Y cuando estamos realizando un trabajo, cualquiera este sea, estamos pensando en esa experiencia pasada. Y cuando estamos en la ducha, estamos pensando en esa experiencia pasada y cuando estamos haciendo cualquier actividad, no soltamos esa experiencia pasada.
Y viene también el hecho de que quiero hacer algo, pero empiezo a pensar en lo que va a venir. Señores, ojo con esto. Yo no estoy diciendo que no seamos precavidos o que podamos pensar en situaciones de las que pueden pasar en el futuro con una decisión que tú tomes.
Habrá tiempo para reflexionar, para pensar, para articular algunas cosas. Sí, está bien, hazlo si eso te funciona. Pero lo que yo te estoy proponiendo es una apertura a que tú abras ese regalo que se llama presente todos los días, desde que te levantas, desde el momento que te enfrentas a una labor.
Haz un compromiso contigo mismo de que cuando tú estés en el trabajo, solo estés en el trabajo. Cuando tú estés hablando con alguien, solo habla con ese alguien. Cuando tengas que escuchar a alguien, solamente escucha a esa persona, métete ahí en ese lugar y vas a empezar a ganar la batalla de estos dos mundos que te pueden distraer, el pasado y el futuro.
Cuando te des cuenta de eso, estás ganando. Estás empezando a abrir ese canal de ser una persona más consciente de que debes estar en ese momento y no en otro.
Asimismo, cuando estás en tu familia, con tu cónyuge, con tus hijos, ese momento es para eso, para estar ahí. Ya el trabajo pasó, ya el día de trabajo pasó, ya el error que cometiste se quedó ahí. Ahora aprende de él y vuelve mañana al trabajo a tomar las riendas de nuevo de tu vida profesional.
Pero cuando estés en la familia, entonces ahí dedícate en ese momento, en ese presente, que no haya distracción, que no haya dolor que valga, que no haya inseguridad pensando en el futuro, que pueda robarte la parsimonia, la tranquilidad, la alegría del momento, porque es que te lo regalan, el regalo te lo dan todos los días, pero decides ponerlo a un lado, no le quitas la cinta pegante, no desenvuelves ese regalo, y no descubres con asombro, como cuando somos niños y nos regalan algo bonito que nos gusta.
Cuando una persona aprende a habitar el presente, también deja de ser esclava del futuro, porque el futuro inquieta cuando queremos controlarlo todo desde nuestra imaginación.
En lugar de construirlo desde la acción diaria, el mañana no se resuelve con preocupación, mi gente, se prepara con presencia. El futuro no mejora porque lo temas, va a mejorar porque hoy tú siembras bien.
La ansiedad muchas veces no nace de la maldad del porvenir, sino del abandono de la hora. El hombre y la mujer que trabaja con intención en el presente le quita poder al miedo. ¿Por qué? Porque entiende que el mejor modo de honrar el futuro no es adivinarlo, es ocuparse con fé, disciplina y conciencia en lo que tiene delante hoy.
Entonces, esa ansiedad, esa frustración, ese no sé qué hacer, vienen precisamente de las inquietudes generadas de manera imaginaria por un futuro inexistente.
Una vez tuve un profesor que me dijo, «¿Por qué le temes a lo que no ha llegado? Si no ha llegado, ¿por qué le temes?» Y era una frase sencilla que ahora más que nunca le doy mucho sentido. Si no está aquí en el presente, ¿por qué le temes? piénsalo.
Si tú te pusieras a pensar por al menos un minuto, si estás en este momento, en el presente, conmigo leyendo este artículo, ¿cuál es un problema que tienes ahora mismo al leer las palabras que te estoy diciendo? ¿Cuál es el problema que tienes ahora? No, no ayer, no mañana, no en un segundo después. Ahora, mientras estamos aquí, tú y yo, yo diciéndote estas cosas y tú leyendo y a lo mejor internalizando, haciendo algunas abstracciones mentales con lo que te estoy diciendo, ¿cuál es el problema que puedes tener? Reflexiona y piensa y vas a concluir conmigo que a lo mejor el problema existe porque empiezas a pensar en lo que no te salió bien en el día de hoy.
Ahí empieza el problema. Pero, ¿dónde está eso? en el pasado precisamente o empiezas a pensar que habrá mañana de comida. Deja que ese momento llegue. Cuando llegue tú resuelves eso. O, ¿qué tendremos nosotros la semana que viene en la actividad que viene? Ah, tengo que preparar esto. Estoy inquieto porque todavía no sé cómo lo voy a preparar.
Ok, simplemente reserva un espacio en tu agenda y dedícate a eso. Pero no lo pienses ahora. Ya reservaste, dijiste, «Esto, aquí voy de este momento. Voy a prepararme para que la semana que viene yo esté listo para esa presentación del trabajo o de la iglesia o de lo que sea”. Pero ya tranquilízate, cálmate, abre el presente y actúa desde ahí de manera más consciente para que la ansiedad se reduzca, tú seas más feliz, señores, y todo, incluso lo que es el contexto de tu salud cambie.
Porque déjame decirte que yo también he tenido en muchas ocasiones desvelos de noche donde me despierto y por estar pensando en cosas que hice que a lo mejor no me salieron muy bien o en cosas que todavía tengo que hacer que es mucho trabajo, que muchas cosas que hay pendientes que sacar, que adelantar, duro 2 horas y 3 horas despierto y se me hace difícil con el sueño.
Sin embargo, el antídoto muchas veces cuando pasa eso, cuando estoy durmiendo de noche y me despierto, es que me hago consciente de una vez y sucede que me estoy dando cuenta que lo que está haciéndome quedar despierto es eso precisamente de estar pensando en lo que no logré, en lo que hice mal o en las cosas que tengo pendiente que todavía me están estresando y necesito resolver.
Y cuando soy consciente de ello, entonces despierto de esta realidad y me digo a mí mismo, «Tranquilo, duérmete. Tranquilo, duérmete. Piensa aquí en el ahora, en lo importante que tienes, cuál es el problema que tienes. Avanza, sigue adelante, duerme tranquilo, todo está bien.» Y hago ese ejercicio y vuelvo a dormir.
Y he descubierto, señores, que ese pasado que no quiero o que no me gustó y ese futuro que tampoco me parece alagüeño, es lo que me hace despertarme en las noches.
Y entonces trato de aplacar eso y controlar ese estrés pensando en el ahora, en lo bonito que es descansar, en lo bueno que para mí es estar ahí, porque al en ese momento que estoy descansando no tengo problemas y eso, señores, me ha ayudado.
Ojalá que esto también sirva de ayuda para ti, porque la distracción es una de las grandes enemigas del presente.
Por eso tanta gente tiene ojos abiertos, pero no está despierta. Respira, pero no vive. Se mueve, pero no avanza. están físicamente en la mesa, pero emocionalmente ausentes. Están en la casa, pero su mente está lejos.
Están ahí en la oración, ¿verdad?, bendecir los alimentos, estar con la familia, pero el alma está dispersa. Están con oportunidades en las manos, pero con la atención enterrada en trivialidades, en lo que no importa.
El presente exige presencia y la presencia exige intención.
No se trata solo de estar, sino de habitar con conciencia lo que estás haciendo, con quién estás, qué tú sientes, qué debes corregir y qué te está diciendo Dios en este instante.
Hay personas que no necesitan más tiempo, lo que necesitan es abrir ese presente, ese regalo.
También es una forma de moverse, porque moverse no es solo correr detrás de metas o producir resultados. Moverse también es despertar, volver en sí, salir de ese piloto automático y vivir con el alma encendida.
Un hombre presente, una mujer presente ama mejor, escucha mejor, trabaja mejor, decide mejor, lidera mejor y discierne mejor.
Una mujer presente, un hombre presente deja de reaccionar desde la herida y comienza a responder desde la conciencia.
Un padre que está presente no solamente va a proveer lo material, también provee atención, ejemplo, dirección.
Un discípulo, un alumno presente, no solo cree en Dios, aprende a percibirlo.
El presente no es pasividad, es poder enfocado. Es la plataforma desde la cual tu vida deja de escaparse y empieza a convertirse en propósito.
Y en esa dirección yo quiero dejarte tres claves para comenzar hoy mismo a practicar esta reflexión.
La primera que te doy es, detente varias veces al día y pregúntate con honestidad, ¿estoy realmente aquí o mi mente está secuestrada por el ayer o el mañana?
La segunda es; cuando tú sientas ansiedad o peso emocional, vuelve a tu cuerpo, a la respiración, a la oración y a la tarea concreta que tú tienes enfrente. Regresa a la hora con una intención.
La tercera clave es honra este día con una acción pequeña pero real que te acerque a tu misión. ¿Por qué? Porque el presente no se abre pensando solamente en él, sino usándolo bien.
El mejor regalo que tú nunca has abierto sigue frente a ti. Ábrelo. Vive aquí. Muévete aquí. Resuelve aquí. Porque la vida que dices anhelar solo puede comenzar en este momento.
No ayer. HOY. No mañana. HOY. Ojalá que este mensaje sirva para mucho provecho.



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